En un texto que Gabriela Forcadell viene escribiendo hace años, Camila Coppola lee una manera hacer que superpone naderías del mundo sin la violencia de quien intenta ordenarlo.
Bruno Grossi lee la última novela de Rafael Arce, en la que el saber humanista, en lugar de demostrar diagnósticos, se retuerce a favor de la combinación y la ironía, lo más difícil de capturar por la academia o los algoritmos.
Cervio Martini nos muestra el camino de un huevo con sombrero de cowboy, solitario y autoinseminado, que debe ir a recuperar su triunfo en el camino del amor.
Antes de la confirmación de los documentos había murmullo. Entre esos dos momentos ya teníamos lo que necesitábamos para renovar impresiones, en este caso, sobre Renée Cuellar.
Las obras de EL, cómicas de tan severitas, se encuentran con otra locura que se pone en guardia.
En las imágenes de Ullua resuena lo que nos dejó la poesía objetivista argentina, por ejemplo, el problema por la denotación.